Monografía sobre el agua: tres razones por las que tratar el agua.

Como cerveceros caseros le damos mucha importancia a nuestros ingredientes: Seleccionamos las mejores maltas, los lúpulos más frescos y variados y una gran variedad de cepas de levadura, que nos afanamos en criar y congelar. Y a veces, terminamos ahí nuestra selección de ingredientes.

No es que no seamos conscientes de que el agua es el cuarto ingrediente imprescindible para hacer cerveza, ni que no sepamos que es el ingrediente más abundante en una cerveza, del orden de un 90 a 94% de la misma.

Es tan solo que intentar meterse a entender algo de como tratarla, cual es buena para hacer cerveza o como se puede modificar para uno u otro estilo requiere mucho estudio y es todo muy técnico y confuso. Salvo que tengas alguna formación en química, empiezas a leer y leer, y no entiendes nada.

Y parece que la fuerza de la costumbre nos da la razón en nuestra actitud pasiva y perezosa respecto al líquido elemento. Hemos hecho mucha cerveza con agua sin tratar, a veces directamente del grifo y otras veces mineral, y la cosa ha ido bien. ¿Por que cambiar? Y si no entendemos nada del proceso, ¿por que aventurarnos a hacerlo a ciegas o de oídas, añadiendo químicos con esas incómoda sensación de “no se muy bien que es lo que estoy haciendo pero le voy a echar un poco de…” y perjudicar, más que mejorar, nuestra cerveza?

Así que por breves periodos, el cervecero casero aplicado se dice a si mismo “esto no puede seguir así, tengo que meterme con el agua, como lo hice con los otros aspectos “turbios” del asunto”. Pero no es fácil. Los artículos más jugosos están en ingles, y casi toda la información en castellano es muy teórica y minuciosa, pero artículo tras artículo todos se parecen bastante:

Mucha teoría aburrida sobre química básica, una descripción de que iones son importantes y qué es lo que aportan al resultado final, pero ninguna pauta sencilla y comprensiva sobre como tratar el agua en casa, tipo DIY o “for Dummies”, que te guíe en el proceso sin tener que sentarte a estudiar en serio y sacarte un máster en química inorgánica en el proceso.

Y aquí empieza uno de los mayores escollos. Empiezan a usar palabras como ion, ácido, álcali o sal. Todo muy técnico. Y a medir las cosas en distintas unidades que encima no son la misma todo el rato (¿ppm o mg/l?, ¿Equivalentes?, Grados alemanes, Franceses… ¡pero que me estás contando, tío!).

Empiezan a hablarte de equivalentes, expresando la concentración de algo como cantidad equivalente de otra cosa… ¡horror! y al final, empiezas leyendo sobre el agua y terminas leyendo sobre lúpulo, levadura o malta, o cualquier otro aspecto del hobby, porque no entiendes ni papa.

Pero no podemos seguir así. Ha llegado la hora de coger al toro por los cuernos. Así que vamos a intentar meter un poco la nariz en el tema, sin llevarnos un porrazo. Como hay mucho de que hablar, esto que tienes delante es el primero de una serie de artículos que van a componer una monografía sobre el agua, su porqué y su tratamiento. Lo se… lo se…

Pero dame una oportunidad. Aunque algunos conceptos habrá que explicarlos y la cosa tal vez se ponga un pelín técnica, voy a intentar que entiendas para que es importante cada aspecto del análisis del agua, de manera que puedas empezar a tratar la tuya, si quieres, sin volverte loco, más que tratar de dar una clase magistral de química. Y si decides no tratarla, al menos sabrás que es eso que estas obviando, y habrás tomado una decisión bien fundada. Vamos a ver de que vamos a hablar:

  1. El primer apartado de la monografía, este, nos va a hablar sobre las tres razones que considero importantes para tratar el agua.
  2. Después de eso, haremos un inciso para tratar uno de los principales problemas del agua del grifo: El cloro y las cloraminas y como actuar para eliminarlas.
  3. En la tercera parte vamos a hablar de que incluye y como se interpreta un informe de agua y cuales con los principales iones y que le aporta cada uno a la cerveza final. El clásico quien es quien del agua.
  4. En el cuarto explicaremos todos esos términos confusos como el pH, la diferencia entre el pH del agua y el del macerado, las diferencias entre Alcalinidad, Alcalinidad Residual y Dureza. Este va a ser muy, pero que muy duro.
  5. Siguiendo con el anterior, en el quinto daremos unas pautas sobre que grado de alcalinidad es conveniente en cada estilo y como reducir o como aumentar la alcalinidad del agua para ajustarla a nuestros intereses.
  6. Y por último, en el sexto apartado hablaremos de la importancia de los iones del agua que le dan sabor a la cerveza, en especial el equilibrio Sulfatos/Carbonatos y presentaremos algunas proporciones de los mismos típicas en algunos estilos, y veremos como actuar sobre ellos y para que.

Como repaso final, veremos algunos ejemplos prácticos de como tratar el agua empleando alguna calculadora web, y como añadir las sales pertinentes, de tal modo que a lo que discutamos de modo teórico en las primeras seis partes, le demos un uso práctico. Así que durante las próximas semanas, agárrate, que vienen curvas… ¿are you ready?

Antes de nada, ¿por que debería preocuparme la composición del agua?

Esta es la más importante de todas las preguntas a las que hemos de responder antes de meternos en harina: ¿Por que he de ponerme a tratar el agua si hace tiempo que hago cerveza y esta me sale aceptablemente bien?

Aunque es un poco empezar la casa por el tejado, para hacer el artículo más llevadero voy a empezar explicándote cuales son las razones más importantes para tratar el agua, para luego ya hablar de los componentes del agua que nos interesan como cerveceros caseros y de como se interpreta un informe de composición del agua.

Así, si leída la primera parte no ves necesidad de tratar tu agua, con dejar de leer es suficiente y no te habrás leído todo el tocho para quedarte igual que antes. Y de paso sabrás por que la gente que la trata lo hace y habrás aprendido a elegir tu agua embotellada con un buen criterio e interpretando bien un informe de composición.

Al lío: Hay tres razones para que te preocupe la composición del agua, y son las 3 razones principales para elegir una buena agua para hacer tu cerveza, ya sea tratando el agua de tu casa, usando un agua mineral que se adecue al perfil del estilo que vas a elaborar, o usando agua destilada o de Ósmosis Inversa (OI o RO en inglés) y ajustando sus minerales con añadidos de sales.

Porque la verdad es que muchos estilos se pueden hacer con muchas aguas. Pero algunos o usas su perfil de agua típico, o la cosa no va a quedar como “una pilsner maravillosa” sino más bien como “algo rico, parecido a una pilsner”. Aquí el primer requisito va a a ser autoevaluarte a ti mismo para descubrir si lo que quieres es hacer algo “del tipo de” o si quieres conseguir hacer “algo que sea lo más auténtico posible”. Si la respuesta es la segunda, en algunos casos eso va a implicar tratar el agua, no solo la planificación del proceso y la selección correcta de ingredientes.

Pero el que tengas que hacerlo o no dependerá del perfil de agua de tu zona: porque casi todas las aguas sirven bien para algunos estilos, medio bien para otros y mas bien mal para el resto, sea el agua que sea.

Por eso es muy interesante saber interpretar un informe de composición del agua y conocer el tipo de agua de tu zona. Porque aunque decidas no tratar el agua te va a permitir saber que cervezas van a salirte buenas y redondas con tu agua aunque no la modifiques, y cuales no tanto.

Del mismo modo, si decides no tratar el agua, si sabes interpretar el informe de composición de una botella de agua mineral, podrás elegir el agua adecuada para cada estilo, y acertar sin tener que modificar nada.

Al final del artículo, la idea es que mirando un informe de agua (del distribuidor de tu zona o de información de la composición de un agua embotellada) seas capaz de saber si es adecuada para hacer con ella cervezas oscuras, claras, más maltosas o más lupuladas.

Pero luego volveremos sobre esto. Ahora vamos con las tres razones para tratar el agua:

Primera razón: declorado y decloraminado.

Para hacer una buena cerveza, tu agua tiene que estar declorada, o decloraminada. El agua con cloro o cloraminas puede ocasionar clorofenoles, que es un defecto con olor medicinal (a hospital), a enjuague bucal, a esparadrapo o químico, como el agua de piscina, que se produce cuando los fenoles presentes en tu birra reaccionan con el cloro o las cloraminas que se emplean como desinfectante para potabilizar el agua de red.

Aunque las cervezas más oscuras y menos lupuladas suelen ser menos sensibles a la aparición de los clorofenoles (o dicho de otro modo, requieren de mucha más cantidad de cloro residual para que los clorofenoles resultantes se perciban), este problema se agrava cuando intentas hacer una cerveza pálida y lupulada, donde incluso niveles bajos de cloro residual producirán un gran impacto final. Esto se agrava aún más si la cepa de levadura empleada es muy fenólica. Y más aún si la cerveza es una “Superhoppy”.

Para evitar los clorofenoles, la opción lógica es eliminar los compuestos clorados del agua. Eliminar el cloro no es tarea difícil. Tan solo un reposo de 24h del agua, sin tapar, termina por permitir su evaporación. Un hervido también lo provoca. Incluso puedes usar una de esas jarras tipo Brita, pero si has de declorar mucha agua, lo mejor es utilizar un filtro de carbón activo, montado en uno de esos cánister de 10 pulgadas. Te recomiendo que uses el filtro de carbón activo en bloque, porque el granulado deja residuos. Pero de esto ya hablaremos más detenidamente un poco más adelante.

Las cloraminas (Compuestos de cloro unidos a nitrógeno) son harina de otro costal, porque no se evaporan. Para eliminarlas tienes dos opciones: la primera es añadirle al agua Metabisulfito de Potasio, un conservante a base de azufre que se usa de forma habitual en muchos alimentos, como el vino o los zumos. Añadir una pequeña cantidad al agua del grifo hará precipitar las cloraminas. La otra opción es usar un filtro de Carbón Activado.  Pero sobre esto volveremos a hablar más adelante.

Esta es la razón más importante para tratar el agua o usar agua embotellada. Si no eliminas el cloro, tus cervezas van a perder mucha calidad, o en los casos más graves, van a ser inbebibles. Esto debería hacerlo todo cervecero casero, hasta el más novato o perezoso, e incluso el más “naturalista”. Porque lo hagas como lo hagas, no vas a estar añadiéndole a la birra más química, sino quitándosela.

Por otro lado, si el clorado del agua de tu zona es muy heavy o estas elaborando una cerveza clara y muy lupulada, no deberías ni enjuagar los equipos con esa agua, porque tan solo restos del enjuagado de una olla o un fermentador tras su limpieza podrían aportar a la birra el suficiente cloro para un desenlace fatal.

Para evitar esto puedes o declorar toda tu agua, tanto la de elaborar como la de limpieza o aclarado, usar agua mineral para el enjuagado si estas usando agua mineral en la elaboración o declorar una pequeña proporción de agua del grifo para enjuagado y lavado y usar para la elaboración agua mineral o o tratada. Ahí ya tu decides que te resulta más cómodo y/o económico.

Segunda razón: Obtener un pH del macerado adecuado.

La segunda razón para tratar el agua es que esta tenga una Alcalinidad adecuada que permita alcanzar el pH deseado en el macerado.

Vamos un poco sobre ello: A la hora de macerar, la temperatura es importante (mucho) para determinar el perfil del macerado, pero el pH también lo es.

Cada enzima tiene su rango optimo de temperatura para trabajar y actuar sobre esta temperatura enfriando o calentando el macerado permite al cervecero actuar sobre las enzimas y decidir cuales de ellas trabajan en mayor medida cada vez, lo que le permite a este variar el perfil de azúcares obtenidos durante el macerado de una receta a otra. Eso ya lo sabíamos.

Pero mientras que la temperatura se puede graduar bastante, el rango de pH óptimo es más bien común a todas ellas. Mientras que pH de entre 5 y 5,6 darán lugar a macerados aceptables, los valores entre 5,2 y 5,4 son considerados óptimos.

Un pH demasiado alto, superior a 5,8, dificulta la extracción de azúcares y incrementa la extracción de esos polifenoles (moléculas de sabor margo y seco, desagradable) llamadas taninos a las que tanto temes.

Y un pH demasiado bajo puede dañar las enzimas y arruinar el macerado por completo. Afortunadamente, antes de que las enzimas queden destruidas definitivamente por un pH demasiado bajo, entran en un estado reversible de bloqueo: si el pH se corrige en un breve periodo de tiempo, vuelven a su forma activa sin destruirse. Si el pH baja más o este estado de inactivación se mantiene por más tiempo del debido, se destruyen definitivamente.

Así que mientras controlar la temperatura de forma precisa y minuciosa permitirá al cervecero mucho control en la fermentabilidad de su mosto, como si de una “ruleta graduada” se tratara, que puedes subir o bajar para obtener un mosto más o menos fermentable, el pH es más bien un “resorte” que solo hay que pulsar una vez y dejar en “On” para que la cosa funcione, ajustándolo entre 5,2 y 5,4.

Pero para poder ajustar el pH del macerado, hay que tener en cuenta varias cosas. La primera de ellas es la Alcalinidad: la alcalinidad del agua es la propiedad por la que esta se resiste a la acción de los ácidos que tratan de bajar su pH.

Aunque desde siempre nos han dicho que el agua es H2O, esto es falso. El agua es H2O más un montón de sustancias disueltas en ella. Conforme el agua de la lluvia cae a la tierra, va disolviendo los minerales que hay presentes en esta, que aportarán al agua final su sabor y características.

Todos esos compuestos disueltos, algunos acidificantes y otros alcalinizantes, están en un equilibrio final donde el pH de ese agua en concreto esta en un valor estable. Lo que se dice en equilibrio.

Pero el agua no solo está en un equilibrio, sino que encima se resiste a que su pH pueda bajar si le añadimos más sustancias acidificantes, como ac. Láctico o ac. Fosfórico, o las maltas y en especial las tostadas (todas bajan el pH del macerado, pero a más tostadas más acidificantes que son) o los propios componentes disueltos en el agua que actúan como ácidos, como el calcio y el magnesio, y que tratan de bajar su pH de forma natural en cuanto reaccionan con los fosfatos de las maltas.

Como te decía, la alcalinidad del agua es la propiedad por la que esta se resiste a la acción de los ácidos que tratan de bajar su pH. De este modo, y gracias a la acción de algunas de las sustancias que tiene disueltas, y en especial a los los bicarbonatos, esta intenta mantener estable su pH incluso si se le añade algo de ácido.

Por ello, en teoría la alcalinidad no es igual a los bicarbonatos, porque hay más sustancias disueltas en el agua que cumplen con esta función de evitar que el pH pueda reducirse. Pero en la practica cervecera, la sustancia reguladora más abundante en el agua de pH 7 o 8 (casi todas las aguas) son los Bicarbonatos.

Por ello se puede asumir que una es similar a la otra. Casi lo mismo.

Es como si te digo que en la nevera hay huevos blancos y morenos. 99 morenos y 1 blanco. Así que al final acabo diciendo que en la nevera hay huevos morenos (y me olvido de mencionar los blancos) y aún así, soy 99% exacto.

Volvamos al pH. Como cervecero, controlar el pH del macerado para que esté entre 5,2 y 5,4 es casi igual de importante que controlar la temperatura, pero el pH del agua de partida NO te interesa en absoluto.

El agua de partida puede tener un pH de 8 y aún así, al añadir las maltas, que el pH acabe autoajustándose y termine dentro del rango. Por otra parte, puedes ajustar a lo loco el pH del agua a 5,4 y que a la hora de añadir las maltas que esta baje demasiado, por debajo de 5 y te cargues las enzimas y te quedes sin macerado.

Repite conmigo: a ti lo que te importa es el pH del macerado, no el del agua.

Esto ha de quedarte clarinete…

Indistintamente la composición que tenga tu agua (que de eso ya hablaremos más adelante) has de saber que no todas las cervezas requieren o toleran la misma alcalinidad.

Si esta es alta, te irán mejor las recetas de cervezas negras, que usan maltas tostadas en grandes cantidades, porque estas maltas son acidificantes y serán más capaces de neutralizar una mayor cantidad de bicarbonatos, y en definitiva, bajar el pH de la mezcla de agua y grano que es el macerado, hacia el óptimo de 5,2 a 5,4 y así evitar extraer taninos y favorecer la extracción de azucares. Te quedarán más redondas y complejas.

Si la cerveza a elaborar es clara, sus maltas base serán poco acidificantes, y no podrán alcanzar un pH lo suficientemente ácido como para producir un buen macerado sin extracción de taninos, a menos que la alcalinidad del agua sea baja. Y si la alcalinidad es excesivamente alta, te irán mal tanto unas como otras :-), porque ninguna mezcla de maltas, incluso con grandes cantidades de maltas oscuras, conseguirá neutralizar suficiente bicarbonato como para alcanzar el pH ácido ideal de 5,2 a 5,4. Pero de esto, y de la dureza del agua, termino que aún no hemos mencionado para no liar la cosa, ya hablaremos más delante…

Tercera razón: Redondeando la cerveza. Equilibrio Sulfatos/ Cloruros.

La tercera razón para tratar el agua es la menos importante. Es algo que se hace ya cuando uno quiere hilar fino, pero que aunque te pases tu vida sin hacerlo, tus cervezas no tienen por que resentirse de ello.

La tercera razón para tratar el agua es que esta tenga una correcta proporción de cloruros y sulfatos. ¿Por que?

Porqué en teoría, los cloruros redondean el sabor maltoso de la birra (redondean el dulzor) y los sulfatos dan un sabor mas seco y redondean el sabor lupulado (suavizan el amargor) de la birra.

Por ello añadir la cantidad adecuada de cada uno necesaria para inclinar la proporción hacia uno u otro puede ser una buena estrategia de afinar un poco más esa receta especial, cuando ya has controlado muchos de los aspectos del proceso y quieres rizar un poco más el rizo y conseguir en los sabores de tu birra mejor redondez y finura.

Esto es bastante sencillo de hacer, porque estas adiciones para equilibrar el perfil de sabor pueden hacerse incluso directamente en la caldera, mientras añades el resto de ingredientes, pero para poderlas hacer has de saber que equilibrio favorece a que estilo, y has de saber la proporción de sulfatos y cloruros que ya hay en tu agua de partida, antes de añadir más, para no excederte.

Al final, si no sabes interpretar un informe de agua de tu zona, por muy sencillo que sea de hacer, no vas a saber cuanto añadir. Pero, como ya sabes, sobre esto ya volveremos más adelante…

 

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14 comentarios en “Monografía sobre el agua: tres razones por las que tratar el agua.

  1. Justo ahora ando yo peleandome con el tema de mi agua y el filtro de carbón activo, y ya me llevo el dato de interés de que mi filtro me va a dejar residuos (es granulado) Dará esto problemas?
    Con ganas espero las siguientes entregas.

    Un saludo!

    • Hola!

      Sobre esto vamos a hablar en el siguiente artículo. Pero te puedo adelantar un par de cosas: Si es en bloque deja menos residuos que el granulado, pero el granulado capta más rápido cloro y otras sustancias, porque la superficie de contactos entre el agua y el carbón activo es mayor cuando este está granulado.

      A mi me dejaba mucho residuo el granulado, pero es que lo usaba ¡mal! Hay que reducir la velocidad de paso del agua mucho (digamos que entre 2 y 4 l/min) para que es carbón activado tenga tiempo de captar las sustancias del agua. Uses el que uses, habrás de hacer pasar el agua de forma lenta para que funcionen, así que tal vez mis problemas de residuos estaban causadas por el alto flujo…

      … o tal vez no. Tardaré un tiempo en hacer las pruebas pertinentes… pero lo pondré aquí.

      De todos modos eliminaré esa frase de esta parte del artículo y lo hablaremos detenidamente en la segunda entrega. 😉

      • Muy buenas,
        pues hice eso, dejé la brau llenando a cosa de 1 litro por minuto del filtro, muy despacio y el cloro yo creo que muy bien eliminado, pero al acabar, al desmontar la cabeza de la bomba para limpiarla, me encontré 6 o 7 “piedrecillas” estilo escamas negras de 1-2mm que he achacado a este asunto. No me preocupa en exceso ya que no creo que sea tóxico ni aporte sabores, si no que está diseñado para todo lo contrario, no?
        Para la próxima pongo la salida de la manguera con un filtro de lúpulo de 300micras de esos, así si cae algo que quede ahi y no acabe en la olla.

        Un saludo.

      • Si yo montaré 2 filtros en serie, el prinero de carbon activo granulado (porque absorve mas rapido) y el segundo con un filtro de 50 micras y listo. La proxima vez prueba a 2l por min y me dices si encuentras mas carbón. … 😉

  2. Muy interesante el artículo y lo más importante, muy claro para los que no tenemos ni idea de química. Seguiré los siguientes artículos, sin duda.
    Una pregunta sobre las cloraminas, dices que echando Metabisulfito de Potasio, estás no sé evaporan pero se precipitan al fondo, pero como las eliminamos? Traspasamos el agua a otro recipiente desechando los últimos litros donde se supone que han quedado las cloraminas?

    Gracias y saludos.

    • Una vez neutralizadas, la reacción entre el cloro y el azufre las transforma en otras sustancias (iones cloruro por ejemplo). Eso lo veremos mas adelante. El artículo debería decir “neutralizar” en lugar de “precipitar”. 😉

  3. Muy buenas.Buen articulo!!. Seguiré de cerca los próximos ya que he empezado hace poco a tratar mi agua y me parace un tema muy interesante e importante para la elaboración de mis birras.
    Gracias y Saludos

  4. buenas tardes:
    cuando se empieza a elaborar birra uno se tiene que preguntar: ¿se cocinar?…porque eso es lo que vais a hacer al iniciaros en el gran mundo de la cerveza…¿se cocinar?…recordad a las abuelas que no utilizaban qualquier agua para hacer caldo…
    lo mas importante si utilizais agua del grifo directa es que o bien la dejais reposar 24h en el valcon para que el cloro se evapore ya que es muy volatil y a temperatura ambiente se va con facilidad o en su caso llevarlo a evullicion durante 10 min y dejarlo reposar hasta 78-80ºc muy provablemente en ese aspecto mateis dos pajaros de un tiro pues hareis precipitar carbonatos en exceso y seguro que desaparece todo el cloro en el caso que esa agua se haya clorado con cloro puro(legia)…a partir de aquí es importante mirar la dureza del agua de red con un sencillo kid de dureza(para no ponerlo complicado):
    -en caso de durezas muy bajas podeis provar de hacer pilsner
    -en caso de durezas medias alguna tostada
    -en el caso de durezas altas directamente stout y similares.
    Al empezar no os compliqueis la vida añadiendo correctores…haced 3,4,5, hasta 10 elaboraciones y sobretodo pensad y preguntaros…¿se cocinar? porque el exito y la personalidad de la cerveza erradica en esos pequeños matizes…si todas las tortillas de patatas llevan huevos, patatas y se frien en aceite porque no tienen todas el mismo gusto y son igual de sabrosas??
    Os saluda El Diablo de Scaladei

  5. Qué bueno! Ya tengo ganas de leer el siguiente…
    Una duda. Yo trato todas mis aguas (porque por mi grifo sale roca líquida con cloro). Uso el agua mineral más cercana al perfil que busco (según homebrewer.es) y corrijo con las sales que me indican. También controlo el pH de macerado y en casi todos los casos el pH está alrededor de 5,4 (medido con pHmetro relativamente bueno y calibrado). Rara vez me ha bajado más. Eso puede ser adecuado para muchos estilos, pero me da que para las cervezas muy claras estaría mucho mejor estar en 5,2 (¿puede que sea esa la causa de un amargor menos “domesticado” que en mis IPAs favoritas?)
    Mi pregunta es la siguiente: corregir el agua con sales garantiza un pH adecuado? O para las cervezas claras, a pesar de corregir, debería forzar con ácido la bajada a 5,2?
    Enhorabuena por este pedazo blog, escribo por primera vez pero lo sigo desde hace mucho!

    Jordi

    • Yo hago lo que tu, y una vez veo que ph me queda, ajusto lo que queda hasta 5,2 para IPAs con ácido fosfórico.
      Aunque hago las recetas en Homebrewer.es (que me parece de 10) uso esta página solo para ese punto:
      http://www.brewersfriend.com/mash-chemistry-and-brewing-water-calculator/
      Con la info del color de la birra o de los granos te hace una estimación de como va a corregir. Si le dices el ph deseado, añade el solo la cantidad necesaria del ácido que tu elijas… Lo clava!

      • Sí, yo también uso la calculadora de Mash Chemistry para “predecir” que pH tendré, pero no me quedaba claro si además de corregir el agua tenía que usar fosfórico para llegar a un pH más bajo. Mil gracias, probaré a macerar a 5,2 mis cervezas claras y amargas, a ver si mejoran. Probar esto, lúpulo más fresco y menor oxidación posible (casi nada…) me van a tener entretenido en mis próximas elaboraciones de IPAs.

        Jordi

      • Ya te digo. Tienes una buena serie de articulos en la web al respecto. Son como hijos tontos…
        Yo uso lupulo de lupulina. Poca variedad pero fresquisimo.
        Malt Miller lupulo correcto y gran variedad.
        Y en leon hay unos chicos nuevos, Orbigo Valley, que no he probado pero al menos por cercanía debería ser mas fresco.
        La medalla de plata en el IPA day obtubo 35 puntos. La que llevé al congreso ha llegado a los 39-40! Estoy encantado. A ver si paso de los 42….

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